Entre las razones está la falta de una estrategia nacional de largo plazo, acuerdos arancelarios para la exportación de productos con valor agregado y baja innovación empresarial.

El Índice Mundial de Innovación 2019 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) reveló que Chile cayó cuatro puestos respecto de 2018, pasando del lugar 47 al 51. No obstante, sigue liderando Latinoamérica y El Caribe, seguido de Costa Rica (55) y México (56).

El informe anual mide la actividad de innovación de 129 países en áreas como inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), solicitudes internacionales de patente y de registro de marcas. Esta versión también incluye indicadores sobre las exportaciones de alta tecnología.

En el detalle, Chile registra una mejora en variables relacionadas con educación, patentes y modelos de utilidad -el derecho exclusivo que se concede a una invención-, y mantiene su posición en las variables de institucionalidad.

Suiza lidera el ranking global, lo que se atribuye a su infraestructura, a un fuerte sector empresarial con potencial innovador y a la alta inversión en conocimiento y tecnología. Le siguen Suecia y Estados Unidos.

El informe refleja un aumento de la participación de economías de ingresos medianos, en particular Asia, las que están apostando por I+D a escala mundial, y a las solicitudes de patentes a través del sistema internacional.

Carlos Osorio, cofundador de Yuken Impact Research Lab.

“Da lo mismo ser primero en la región, la innovación es una carrera global”

Carlos Osorio comenta que si bien hay varios índices que muestran la caída de Chile en innovación, también evidencian subidas respecto de sí mismo. “Estamos teniendo mejores tiempos, pero los otros están corriendo mucho más rápido”.

Si bien el país lidera la región, para el experto no es relevante, porque la mayoría de las innovaciones que consumimos no están hechas en Latinoamérica, como Waze que se hizo en Israel. Por eso, “da lo mismo ser primero, la innovación es una carrera global”.

Chile avanza más lento que el resto, explica, porque no hay políticas de innovación de largo plazo. “Hemos tenido una tradición, en que el gobierno que viene deshace lo que hizo el anterior, con muy pocas excepciones. Y eso es pernicioso, porque nunca se cosecha”, dice.

En segundo lugar, afirma que las empresas ponen demasiado énfasis en el corto plazo y los proyectos de innovación toman tiempo, pero pueden tener retornos de 4.4X (400%), el problema es que “las compañías no están dispuestas a esperar los cinco o siete años de trabajo que tarda hacer la pega”.

Además, en Chile ya se habla de la “innovación con champagna”, de hackatones y anuncios en torno a lo que se va a hacer, de una forma “casi farandulera. Las empresas que lo hacen bien sólo cuentan cuando cosechan resultados”, dice.

Y en tercer lugar, las empresas chilenas dependen mucho de la innovación abierta y de consultoras que las apoyen en este proceso cinco o diez años. El problema, explica, es que “no están dejando capacidades de innovación instaladas dentro de las empresas para que puedan innovar de manera autónoma”, afirma Osorio.

Álvaro Ossa, director de Transferencia y Desarrollo de la Universidad Católica.

“Chile debe negociar acuerdos arancelarios para exportar productos con valor agregado”

Álvaro Ossa afirma que más allá de esta baja, la innovación viene cayendo desde hace diez años. Una baja que atribuye a la falta de acuerdos arancelarios para exportar productos con valor agregado y a “incentivos mal puestos”.

Sobre el índice, plantea que el país no está bien posicionado en la exportación de productos con valor agregado porque es más barato para una empresa exportar un tronco a Estados Unidos, que algo elaborado, por el costo arancelario. “Chile avanzó en tratados de libre comercio en las últimas décadas, pero con un fuerte foco en rebajas arancelarias para las materias primas y hoy el país está en una nueva fase. Hay que negociar bajas arancelarias para exportar productos con valor agregado, por ejemplo tecnologías”.

Ossa enfatiza que hay que entender que “estamos en una nueva era”, por lo tanto, los acuerdos internacionales y la reforma tributaria tienen que apuntar a un país que tiene capacidad de generar innovación. “Tenemos las capacidades científicas, pero no están las condiciones tributarias para incentivar ese desarrollo”.

Respecto del TPP 11, sostiene que tampoco genera incentivos arancelarios en esta dirección. “Habría que renegociar los tratados relevantes”, con Estados Unidos, China y la Unión Europea”.

Además, afirma que los incentivos no están bien puestos, porque la ley de beneficio tributario a la Investigación y Desarrollo (I+D) -en vías de reformulación- se usa poco. “El proceso es muy burocrático y desincentiva a las empresas a ocupar el beneficio, lo cual es contradictorio. Más allá de su reformulación, hay que simplificar el proceso, y eso no requiere ley, sino voluntad política”, afirma Ossa.

Eduardo Bitran, presidente Club de Innovación.

“El crecimiento potencial de la economía chilena cayó
y eso tiene que ver con la innovación”

El exvicepresidente de Corfo señala que las principales debilidades de Chile, según el índice, están en la producción de bienes y servicios vinculados a las industrias creativas y a la exportación de servicios basados en tecnología. “Estos indicadores nos golpean porque nuestra economía es dependiente de los recursos naturales”, dice.

Comenta que en variables como desarrollo de clusters y alianzas estratégicas el país figura muy abajo, en la posición 77 y 85 respectivamente, lo que demuestra, explica, que para avanzar se requieren visiones compartidas en torno a la innovación. “Esto se ha ido debilitando, la innovación con propósito no es parte de la estrategia ni de las prioridades hoy”, afirma.

Bitran dice que las inconsistencias de la política de innovación entre un gobierno y otro dificultan mejorar en los rankings. “Falta una estrategia de innovación que movilice a todos los actores y que nos permita dar un salto al desarrollo, con mayor productividad y crecimiento. Estamos muy enfrascados en la discusión de corto plazo en torno al crecimiento, pero el crecimiento potencial de la economía chilena cayó y esto tiene que ver con la innovación”, afirma.

Plantea que Chile debe avanzar en grandes acuerdos en tres áreas: descarbonización, alimentos y revolución digital. Respecto de esta última, sostiene que es un tema transversal que está impactando a todas las actividades económicas. “Chile hizo una estrategia que debería impulsarse más significativamente”, en sectores como minería del futuro, astronomía, agricultura de precisión, trazabilidad en alimentos, construcción, salud y exportación de servicios con tecnologías.

Rocío Fonseca, gerenta de Innovación de Corfo.

“Las empresas son las que pueden ayudar a mover la aguja de manera más rápida”

Rocío Fonseca explica que la incorporación de nuevos factores de evaluación en el informe, como la exportación de alta tecnología, jugó un papel importante en la caída en el ranking.

La gerenta de innovación de Corfo señala que el país sigue estancado en una economía tradicional y que las empresas han tenido un lento inicio en los procesos internos de transformación digital.

“La baja se debe a una situación país que ya tenemos identificada: la baja incorporación de tecnologías en las empresas y la escasez de capital humano calificado. Las grandes firmas son las que pueden ayudar a mover la aguja en el país de manera más rápida”, afirma.

Fonseca enfatiza que este descenso debe traducirse en un llamado a las empresas para que incorporen innovación abierta e inicien procesos de transformación digital, que introduzcan más tecnología.

“Las compañías deben despertar e incluir startups y comenzar a diversificar la matriz productiva hacía la tecnología. El ecosistema emprendedor ya está en la cruzada de innovar, pero esto no es suficiente. Las empresas deben tomar el tema como un desafío principal”, sostiene Fonseca.

Con respecto al primer lugar de Chile en Latinoamérica, señala que es un triunfo a nivel local, pero que “no podemos conformarnos con ser el primero, debemos comenzar a competir con los países grandes, hay que ser más ambiciosos y cambiar nuestra mirada hacia un desafío global”.